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FELICITACIÓN
A TODOS LOS MIEMBROS Y SIMPATIZANTES DE LA ORDEN BONARIA, EN ESTE DIA DE
LA ASUNCIÓN.
Demos gracias a
Nuestra Señora; y que este día, además de regocijo, sea un día de
meditación en las Devociones y de hermanamiento con quien nos necesita.
Devoción interior
La verdadera devoción a la Gran Madre es interior. Es decir, procede del
espíritu y del corazón, de la estima que se tiene de Ella, de la alta
idea que nos hemos formado de sus grandezas y del amor que le tenemos.
Devoción tierna
Es tierna, vale decir, llena de confianza en la Nuestra Señora de Buenos
Aires, como la confianza del niño en su querida madre. Esta devoción
hace que recurras a ella en
todas tus necesidades materiales y espirituales con gran sencillez,
confianza y ternura e implores la ayuda de tu bondadosa Madre en todo
tiempo, lugar y circunstancia:
En las dudas, para que te
esclarezca.
En los extravíos, para que te
convierta al buen camino.
En las tentaciones, para que te
sostenga.
En las debilidades, para que te
fortalezca.
En los desalientos, para que te
reanime.
En los escrúpulos, para que te
libre de ellos.
En las cruces, afanes y
contratiempos de la vida, para que te consuele y finalmente:
En todas las dificultades materiales
y espirituales.
Devoción santa
La verdadera devoción a la Virgen
es santa. Es decir, te lleva a evitar el pecado e imitar las virtudes de
la Santísima Virgen y, en particular, su humildad profunda, su fe viva,
su obediencia ciega, su oración continua, su mortificación universal, su
pureza divina, su caridad ardiente, su paciencia heroica, su dulzura
angelical y su sabiduría divina. Estas son las diez principales virtudes
de la Santísima Virgen.
Devoción constante
La verdadera devoción a la Santísima Virgen es constante. Te consolida
en el bien y hace que no abandones fácilmente las prácticas de devoción.
Te anima para que puedas oponerte a lo mundano y sus costumbres y máximas;
a lo carnal y sus molestias y pasiones; al diablo y sus tentaciones. De
suerte que si eres verdaderamente devoto de María, huirán de tí la
veleidad, la melancolía, los escrúpulos y la cobardía.
Devoción desinteresada
Por último, la verdadera devoción a la Santísima Virgen es
desinteresada. Es decir, te inspirará no buscarte a tí mismo, sino sólo
a Dios en su Santísima Madre. El verdadero devoto de María no sirve a
esta augusta Reina por espíritu de lucro o interés, ni por su propio
bien temporal o eterno, sino únicamente porque Ella merece ser servida y
sólo Dios en Ella. Ama a María, pero no por lo favores que recibe o
espera recibir de Ella,
sino porque Ella es
amable. Por esto la ama y sirve con la misma fidelidad en los sinsabores y
sequedades que en las dulzuras y fervores sensibles.
Ah! ¡Cuán admirable y precioso es delante de Dios y de su Santísima
Madre el devoto de María que no se busca a sí mismo en los servicios que
le presta! Pero, ¡que pocos hay así! Para que no sea tan reducido ese número
estoy escribiendo…….
Muchas cosas he dicho ya de la Santísima Virgen. Muchas más tengo que
decir. E infinitamente más serán las que omita, ya por ignorancia, ya
por falta de talento o de tiempo. Cuanto digo responde al propósito que
tengo de hacer de tí un verdadero devoto de María y un auténtico discípulo
de Jesucristo.
Oh! ¡Qué bien pagado quedaría mi esfuerzo, si este humilde escrito cae
en manos de una persona bien dispuesta, nacida de Dios y de María y no de
la sangre ni de la carne ni de la voluntad de varón (Jn. 1,13) le
descubre e inspira, por gracia del Espíritu Santo, la excelencia y precio
de la verdadera y sólida devoción a la Santísima Virgen, que ahora voy
a exponerte!
Si supiera que mi sangre pecadora serviría para hacer penetrar en tu
corazón, Hermana Dama y Hermano Caballero, las verdades que escribo en
honor de mi amada Madre y soberana Señora, de quien soy el último de los
hijos y esclavos, con mi sangre en vez de tinta trazaría estas líneas.
Pues, abrigo la esperanza de hallar personas generosas, que por su
fidelidad a la práctica que voy a enseñar, resarcirán a mi amada Madre
y Señora por los daños que ha sufrido a causa de mi ingratitud e
infidelidad.
Hoy me siento más que nunca animado a creer y esperar aquello que tengo
profundamente grabado en el corazón y que vengo pidiendo a Dios desde
hace muchos años, a saber, que tarde o temprano, la Santísima Virgen
tenga más hijos, servidores y esclavos de amor que nunca y que, por este
medio, Jesucristo, reine como nunca en los corazones de los Caballeros de
nuestra Orden.
Gran Madre:
Te doy gracias por estar a nuestro lado. Eres don incondicional y servicio
desinteresado. No nos abandonas nunca y eres Madre educadora que nos
corriges y sostienes cuando nos distanciamos del Creador.
Eres Auxiliadora en
las pruebas y Mediadora en nuestras necesidades. Pero más que nada: eres
Madre, que nos cuidas, nos proteges y nos guías en el crecimiento del espíritu
y en el amor a los demás.
Nos dejaste el ejemplo: Hablaste poco y te retiraste a un costado, pero
con firme presencia. Sufriente al pie de la cruz y maestra de la
perseverante oración.
Hoy te quiero regalar un nuevo título: Nuestra Señora de la Mirada.
Tus ojos brillosos reflejan la ternura y la emoción de tu corazón, vacío
de sí pero colmado en plenitud de un amor generoso, dispuesta a escuchar
y a interceder ante tu Hijo querido.
Y ese especialísimo
Don que Dios te regaló, lo tienes en tu mirada, que trasunta la limpieza
de tu alma y la fidelidad a tu compromiso.
Mirada de ATENCION hacia nuestro sufrimiento y nuestras infidelidades para
transformarlas en ofrecimiento silencioso.
Mirada atenta para que no nos desviemos del camino.
Mirada tierna y
siempre despierta para hacernos sentir hijos predilectos del Amor del
Padre.
Mirada...que da fuerza y alegría para ir al encuentro de quien dió su
vida por nosotros.
Madre, te damos gracias por estar incondicionalmente siempre a nuestro
lado.
El Príncipe de
Champdor
Gran Maestre.-
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