|
“A la lucha por el triunfo de lo Verdadero, lo Bello y del Bien la Iglesia no puede ya darle la marca divina pues ella se ha dejado corromper con el mundo desde hace mucho. Es esto lo que la hace inapta para exaltar las almas activas como, diez siglos antes, ella había podido movilizar las voluntades caballerescas para defender la fe, la viuda y el huerfano”. (Cap. XVIII, pag. 161, Editions Traditionnelles, Paris, 1979).
Esto es alcanzar el umbral de lo verdaderamente trascendente pero no traspasarlo.
Si he logrado explicarme en cuanto que no se reduce lo caballeresco a lo ético y a la fe religiosa exotérica bien podemos avanzar un paso más en lo esencial.
En definitiva que el Caballero llegó a ser y permanece como una figura arquetípica, única y a la que no se alcanza con solamente ética, valor, destreza y cortesía. Así como Rudolf Otto afirmaba que la bondad por si sola no alcanza a lo santo sino que es necesario además lo numinoso, así vemos que en el auténtico Caballero también lo numinoso está presente y que él no es figura del todo de este mundo.
« atras - siguiente » |
|